Sorprendido, Don Álvaro le pidió que lo recogiera todas las noches, y así ocurrió. Al morir Don Álvaro, la mula pasó el resto de sus noches vagando por la ciudad en busca de su dueño. Dicen que su fasta regresa hasta el día de hoy, con lo cual, quienes la escuchan la llaman “la mula herrada”.
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